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lunes, 25 de junio de 2012

Una Oración

De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor. 

El Reino no sólo está más allá de nuestros esfuerzos, 
sino incluso más allá de nuestra visión. 

Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios. 

Nada de lo que hacemos está acabado, 
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros. 

Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse. 
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe. 

Ninguna confesión trae la perfección, 
ninguna visita pastoral trae la integridad. 

Ningún programa realiza la misión de la Iglesia. 
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo. 

Esto es lo que intentamos hacer: 
plantamos semillas que un día crecerán; 
regamos semillas ya plantadas, 
sabiendo que son promesa de futuro. 

Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo. 
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades. 

No podemos hacerlo todo y, al darnos cuenta de ello, sentimos una cierta liberación. 
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien. 

Puede que sea incompleto, pero es un principio, 
un paso en el camino, 
una ocasión para que entre la gracia del Señor y haga el resto. 

Es posible que no veamos nunca los resultados finales, 
pero ésa es la diferencia entre el jefe de obras y el albañil. 

Somos albañiles, no jefes de obra, ministros, no el Mesías. 
Somos profetas de un futuro que no es nuestro. Amen. 

S. E. Mons. Óscar Romero

jueves, 7 de junio de 2012

"Posible"


Mandala tejido por Claudia (www.claudiapierotti.blogspot.com)










Hace un par de lunes fui a una charla sobre el misterio de la encarnación y la clave de la existencia cristiana. Para empezar, se nos propuso pensar quién es Jesús para cada una de las asistentes; luego compartirlo en grupos, compartiendo también qué significa la encarnación para cada una de nosotras…

Pregunta interesante, a veces los misterios se quedan en eso… 

Siempre digo que Jesús para mi es el Señor, mi modelo y mi esperanza; una amiga, Claudia, fue por el mismo lado al momento de compartir y se nos trató de voladas, de abstractas; paradójico porque, a mi entender, hablábamos de algo bien concreto. Me explico. Cuando pienso en la encarnación, pienso en lo posible. Que Di*s se haya encarnado, haya dejado de mirar de arriba para vivir de adentro la realidad de su pueblo, como cualquier hombre o mujer de su tiempo; y que haya vivido con la coherencia que vivió, me da entender que yo, que nosotr@s, si le ponemos ganas podemos imitarlo, o al menos intentarlo ¿no?

Así “el misterio de la encarnación” se daría de forma continuada en la historia…


Si mirando a Jesús nos animamos a ponernos la piel del otr@, a asumir al herman@, el Reino sería cada vez más nítido para much@s asfixiad@s por tanta estructura de terror; leia en estos días que el Reino está cerca porque es posible sanar y pensaba en la respuesta de Jesús a Juan “los ciegos ven, y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva.”

Cuando cambian las sensaciones se dejan ver los caminos, caminos que Jesús, Dios y Hombre, transitó y que como cristian@s no nos tendríamos que cansar de buscar, caminos de diálogo, de justicia, de inclusión, de convivencia, de solidaridad, de amor, de entrega, de cruz y, también, de Pascua. 

Caminos concretos de esperanza, de posibilidad, de encarnación