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domingo, 30 de junio de 2019

Sueño

Sueño. El día invita al sueño. El cielo es gris, el día mudo, mi sabia corre lenta. Me desperezo larga y rala. Aprovecho el tiempo. Sueño.

El viento se lleva lejos mi aroma al tiempo que me hace danzar, caprichoso. Me gusta su ritmo, lo sigo dócil. Disfruto el viento. Bailo.

La tierra, húmeda y fría, me abraza, madre. La siento y vuelvo. Me enraizo. Siento

Mi corazón sueña, baila, siente, promesa de flor y fruto. Lo escucho paciente. Sueño, bailo, siento. Vivo y espero

domingo, 23 de junio de 2019

Convocando(me)



Si te veo y me veo, si rugís y me estremezco

Dame verme en tus ojos,

vivir en tu libertad,

que aúlle en vos mi dolor con el viento.

Si creciste conmigo, agazapada y atenta,

llevame de cacería,

corramos juntas,

que no quede un sueño que me deje despierta.

Si intuís la pasión, el hambre, las nostalgias que me queman

Dame tu confianza,


tu sensualidad de hembra,

que, feroz, tome lo que sienta

Si nos intuimos hermanas,

si caminamos los ciclos de la luna,

si sedientas de amor nos reconocemos

si lo efímero del mundo nos provoca

no me dejes, quiero verte y verme, siendo una

jueves, 20 de junio de 2019

Paisaje

Mi paisaje tiene agua, es agua y nubes, es río tranquilo, es carne y es piel. 
Mi paisaje tiene el vaivén de olas tranquilas, danzarinas e inquietas agüitas que mecen y sanan;
tiene nubes grises que saben de acompañar; tiene viento que canta y ruge y estremece la piel larga y manchada. 
Mi paisaje se estremece y resguarda en el silencio cotidiano, se ampara en la carne que duele al identificarse. 
Mi paisaje está guardado. 
Mi paisaje está guardado pero a veces se escapa. 
Mi paisaje se encuentra con otros paisajes que le dicen que hay más. Mi paisaje los reconoce, se mece y les regala su danza de nubes y viento, de piel y carne, y se vuelve a guardar

Gracias Silvana y Gracias Sandra por todo el amor y el arte

jueves, 13 de junio de 2019

Soy siendo



Soy palabra que brota apurada y busca raíz.

agudo enojo corriendo trás la respuesta,

sintética objetividad apunto de explotar en miles de pedazos.

Soy palabra que puede ser muralla

Soy palabra que puede ser abrazo.

Soy palabra fuerte a la que le gustan los murmullos y habitar en el medio del silencio.

Soy palabra que dice, que denuncia, que yerra, que llora y ama.

Soy palabra llena de palabras desconocidas e inminentes delatoras de sentidos inesperados.

Soy palabra que va siendo, como es desde el principio y de un modo no acabado




Pide y se te dará. Para vos, Jorge, en tu día

miércoles, 6 de marzo de 2019

Aprendiendo

Hoy estoy en duda sobre lo que realmente es fluir.
No pensarla tanto, hacer lo que sale ¿Tiene o no que ver con la propia escencia?
Esto de dejarse llevar ¿Tiene que ver con lo que soy?
Cuando fluyo ¿Sale lo que quizás no registro pero está o será que siguiendo al entorno contrario mi propia esencia?
Escribo y me preguntó si esa esencia es un espacio dinámico dónde encontrarme en lugar de una chispita estatica que se supone que me dice quien soy y muchas veces me limita.

martes, 5 de marzo de 2019

En esta inmensidad

El eco duele
Lo pensé y decidí escribirlo.
Dicen que escribir es un acto intelectual. Quizas deberiamos definir intelectual. 
La vida y sus circunstancias. Escribirlas o no. ¿Evadir? Quizás. Mientras se pueda. Sentirlas siempre. Hacerse cargo o no.
Aflojar.
Bancarse la vida como viene.
Como viene.
La inmensidad de un momento, de varios, saber que quizas no se repitan. Animárseles intensamente.
Seguir
Parece que esa es la metáfora adecuada de la vida. Seguir. Aunque esté parada, aunque parezca que no pasa nada. Saber que el mundo sigue, igual que el tiempo en su sintonía eterna. Saber que todo vuelve a pasar y que más temprano que tarde lo podés ver, también recibirlo.
Saber. Otra palabra. De ahí viene sabiduría, que poco tiene que ver con acumular conocimientos y mucho con saborear experiencia. Viviendo de lleno y a conciencia te volvés más sabio. Poniendo el cuerpo...
Siento que nos disfrutamos como pudimos y en conciencia de las posibilidades que te regalan, en un instante, la piel y las ganas. Me gusta pensar que nos despedimos, sin saberlo, un poco más sabios. Me hubiesen gustado palabras, para darme cuenta a tiempo. No todos las necesitamos. Otro aprendizaje. Gracias, muchas. Que sane lo que tenga que sanar, que se vaya lo que se tenga que ir y que todo se convierta en bien. Yo sigo

martes, 26 de febrero de 2019

No me arrepiento de nada

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido:
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio, me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
—ellas habitando en mí queriendo ser yo misma—
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto
de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora
como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
–en horas de oficina–
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones
infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Gioconda Belli