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sábado, 21 de abril de 2012

Experiencias


Hoy en el seminario de catequesis, entre textos de Josué y Jueces, hablábamos de las imágenes de Dios. Algunas recién están empezando a abrir el Primer Testamento, tratando de conectarse con las experiencias del pueblo de Israel; y, tras entrar a la tierra prometida, lograr que caigan los muros de Jericó, una pregunta “¿No se supone que Dios es misericordioso, toda bondad? ”

¿Qué se puede decir de un Dios, cuya experiencia y concepto se desenvuelve en un movimiento revelador, que se va manifestando a lo largo y a través de la historia, y cuyo misterio se agranda en la medida en que nos adentramos en El?(*)

Pienso que, a veces, el hablar de “Sagradas Escrituras” nos hace olvidar que estamos frente a experiencias de Dios, que parece que así decidió revelarse, y que dichas experiencias son subjetivas. Si hay algo que siempre me maravilla es la heterogeneidad de testimonios de Dios, que aparecen en la Biblia. Desde las más amorosas hasta las que, ya por aquel entonces, servían un poquito, quizás, para justificar alguna macana del pueblo.

“Que bárbaro. Como trasmitieron las vivencias de su pueblo con Dios” decía otra de las chicas.

Hoy ¿nos animamos a contar nuestra experiencia de Dios? También nosotr@s somos testigos de ese Abbá que nos creo y nos sostiene… ¿Qué le dicen nuestras vidas, al mundo, sobre Dios?

Ahí nomás de Josué y jueces, de la conquista de la tierra, del Dios del anatema y de la infidelidad del pueblo, aparece Ana, la mamá de Samuel, l@s dejo con su experiencia…

1Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
2No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

3No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

4Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
5los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

6El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
7da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

8Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

9Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

10El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

(1sam 2, 1-10)

(*) Pregunta tomada de: ZAÑARTU, Sergio s.j.: "Dios en el Antiguo Testamento" sitio web: http://www.jesuitas.cl/files/documentos/szanartu/Apuntes/DiosATApuntes.pdf

1 comentario:

  1. ¡Y si pudiéramos asomarnos también a la pluralidad de experiencias que cada uno/a va haciendo de Di*s!.
    A veces, en la tarea de acompañar a otros, es notable qué difícil es reconocer la variabilidad de esta experiencia: si estoy enojado porque siento que dios no está, encima soy malo. Si quiero salir de una situación de opresión y quiero venganza de mi opresor, no soy bueno...
    ¡Ay, si pudiéramos leernos a la luz de Israel y las comunidades!

    Besos.

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