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viernes, 10 de mayo de 2013

Frente al Espejo


Yo, que comí la cáscara por no merecer la pulpa.

Yo que le creí a la culpa y me escondí tras su máscara.

Yo, que me abofeteé y me dije los más obscenos insultos,

que me negué a darme indultos condenándome a estar triste.

Yo, que suicidé a mi anhelo para lograr ser querida.

Yo, que me enemisté conmigo, truncando todos mis vuelos

Yo, que me escupí en la cara, abusadora de mí misma.

Yo, que complací al cinismo, sobornando a quien me amara.

Yo: exigente y despiadada, con nadie como conmigo.

Yo: mi más cruenta enemiga, mi juez y mi sentenciada...

...me levanté esta mañana cansada de no quererme,

de apagarme, oscurecerme (que mi luz no encandilara).

Vi en el espejo mis ojos mirándome en mi mirada,

tantas veces empañada por mirarme con enojo...

Y me di ternura... Y vi, en ese rostro cansado

que me observaba extrañado, lo bello de lo que fui:

me vi ante los que han sufrido amparando el desamparo.

Me vi veraz. Me vi honrada. Me vi noble. Me vi erguida.

Me vi alentando lo Hermoso. Me vi reparando heridas.

Con mi sangre agradecida me supe ingenua y gozosa.

Me vi venciendo al Abismo sin mancha ni cicatriz...

y quise hacerme feliz honrando que soy yo misma.

Que soy franca, solidaria. Que soy leal y confiable,

y que cuando envainé mi sable aposté a lo humanitario.

Sin autocompasión malsana, fui piadosa ante mi pena,

y levanté mi condena... como la que, amando, se ama.

Aprecié que, pese a todo, pese al error y al acierto,

siempre elegí estar despierta, sin sumergirme en el lodo.

Y mirando mi mirada me pedí perdón, llorando.

Y, de mirarme mirando, Amé a ése a quien miraba.

Quiero empezar a regarme, fiel labriega de mí misma,

porque no es egocentrismo abrir mi Esencia y mostrarme.

Vine a Ser. Y eso decido: dispongo abrirme a la Vida.

¡Ya basta de tanta herida, siendo la heridora... y la herida!

Declaro, en el día de hoy, no una tregua: una Amistad.

Asumo la potestad de respetar a quien soy.

Por todo lo que no fui, y por lo que hice posible,

así: imperfecta y querible, decido creer en mí.

Virginia Gawel



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