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viernes, 16 de marzo de 2012

"Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor".Análisis de Rom 13, 1-10.-


Casi a diario nos quejamos de la realidad, o escuchamos a alguien que se queja. La mayoría de las veces, la responsabilidad está fuera: el gobierno no se ocupa, la juventud está cada vez peor, l@s chic @s no respetan... ¿y nosotr@s? ¿no tenemos responsabilidad en el acontecer diario de nuestras vidas? ¿qué tenemos para aportar a este mundo taaan malo? Como cristian@s ¿no tendríamos que intentar hacer la diferencia?

Porque en Europa estás cosas no pasan, porque en el norte... ¿Y si empezamos a asumirnos como argentin@s, como latinoamerican@s, con nuestra propia cultura, nuestras raíces, nuestras propias formas? Vivimos un mundo capitalista e individualista que se va cayendo a pedazos ¿No será tiempo de volver al clan, a la tribu, a la comunidad, al amor fraterno? ¿tiempo de proponer una alternativa?La que implica asumir cada un@ la responsabilidad que nos toca, aportar al conjunto desde nuestro lugar, confiar en l@s herman@s y contagiar el "se pude".

La renovación constante, el discernimiento sabio y el régimen del amor

son la garantía que nos indica que estamos bajo la lógica del espíritu y la fe,

cuyas aspiraciones son hacia la vida, la justicia y la paz[1]

Parece que algo parecido vivían los cristianos del siglo I...

I. Introducción.-

El texto de Rom 13, 1-7 resulta, a simple vista, tan contradictorio que los autores han tomado frente a él posturas bastante distintas, ofreciendo soluciones que van desde considerarlo un interpolación no paulina hasta consolarse sosteniendo que Pablo estaría intentando impedir que las pequeñas comunidades sucumbieran por no pagar los impuestos. Sin embargo, en un análisis detallado se descubren, no solamente, numerosos vocablos típicamente paulinos sino también, conexiones con los textos que lo rodean. Así podemos ver como Rom 13, 8a, en directa conexión con 13, 6, refiere toda la exhortación de 13, 1-7 al núcleo de 12, 9.

El objetivo del presente trabajo es mirar este texto un poco más de cerca pero poniendo especial atención en la estrecha relación que lo vincula con los versículos que van del 8 al 10 del mismo capítulo de la Carta.

Pero, como sostiene Elsa Tamez, Romanos no debe considerarse como una suma teológica desarticulada de su realidad[2] Por lo que, en principio, trataremos de establecer el contexto de la misma para luego acercarnos a sus destinatarios. Se propondrá una estructura de la Carta, que nos sirva de guía de lectura de la misma, para finalmente llegar al texto en análisis en particular.

II. Contexto

Los autores son contestes en cuanto a que la Carta a los Romanos es escrita alrededor del año 57, durante el imperio de Nerón (54 – 68).

¿Qué sabemos de dicho Imperio? En la primera etapa del gobierno (54 a 62) la política económica estaba regida por Séneca, una política con poca construcción de obras públicas, poca distribución de grano y/o dinero al pueblo en general, con distribución de beneficios a la aristocracia y distribución de tierras al ejército y con poco entretenimiento público. Esta política se invierte en el segundo período que va desde el año 62 al 68.

Hay que tener en cuenta que nos encontramos frente a una sociedad de modo de producción esclavista[3]; una sociedad demasiado estratificada en la que pocos eran considerados dignos, ya sea por méritos económicos, de nobleza o por tener algún cargo político, con la consiguiente explotación por estos de aquellos que no contaban con dichos méritos.

Pablo estaría escribiendo ante un descontento creciente del pueblo sometido a una pesada carga de impuestos.

Míguez resume de la siguiente forma:

“En la segunda mitad del siglo I con el sistema esclavista en su plenitud, con un alto grado de monetarización y de acumulación del excedente, con un comercio dinámico para los parámetros de la antigüedad, y con la existencia de una clase fundamental de terratenientes urbanos, cuyo máximo exponente es la propia figura del princeps, quien es a la vez el operador político fundamental en su carácter de jefe único del ejército. Frente a ello no aparece ninguna fuerza política capaz de discutir esa hegemonía, con naciones y pueblos periféricos debilitados y sometidos a una fuerte exacción económica, cuyas elites han sido asimiladas al sistema dominante y con una creciente brecha entre los sectores sociales”.[4]

Como surge de la afirmación transcripta la acción recaudatoria del Imperio obraba, también, como forma de control de los estados conquistados.

Entonces ¿Cuál es la propuesta de Pablo en este contexto?

III. Carta a los Romanos

Destinatarios de la Carta

No se conocen los orígenes de la comunidad cristiana de Roma sin embargo se sabe de la existencia de una importante comunidad judía allí. Suetonio, en su obra “Vida de los XII Césares”, nos cuenta que en el año 49 existió un edicto del Emperador Claudio por el cual se expulsaba a un grupo de judíos de Roma que seguían a un tal Cresto, que es posible que se trate de Cristo[5]. Hech 18, 2 habla de una expulsión de judíos de Roma en tiempos de Claudio, entre los que se encontraban Prisca y Áquila, que es muy problable que ya fueran cristianos, nótese que en el libro de los Hechos nunca se habla de su conversión. De lo dicho se puede desprender que en la época en que Pablo escribe a los romanos en dicha comunidad predominaban los paganos convertidos y en ella el elemento proveniente del judaísmo era escaso, incluso no se descarta la existencia de algún tipo de conflicto cuando, tras la muerte de Claudio (54 a.e.c.), algunos de los judeocristianos expulsados regresan a la comunidad.

Pablo no sólo no había fundado la comunidad a la que se dirige en esta Carta sino que tampoco la conocía y esto diferencia la Carta a los Romanos de las otras cartas paulinas, que tuvieron como función el acompañar, desde lejos, a las comunidades fundadas por él. Sin embargo había tenido un contacto indirecto con Roma mediante la colaboración con Prisca y Áquila, que ahora se encontrarían nuevamente en Roma (Rom 16, 3-5).

Según Rom 15, 20, él tenía por principio no edificar donde otro ya había edificado pero necesitaba ir a Roma para evangelizar desde allí la parte occidental de Europa, en la Carta se habla de España. Sin embargo, según Wilckens, su finalidad era “presentarles el evangelio para cuya predicación fue llamado él como ‘apóstol de los gentiles’ (11, 13). ¿Por qué? De seguro que no sólo para su información, para que sepan con quién están tratando.”[6]

Estructura de la carta[7].-

1. Presentación de Pablo (1, 1-15)

2. Primer Bloque (1, 16-4, 25): Pecado y justificación.

- Realidad objetiva de pecado de todos por lo que todos necesitan ser redimidos por Cristo.

- Nadie es justificado por las obras de la ley sino por la gracia.

- No gloriarse en obras propias sino acoger la justificación por la fe.

Bisagra (5, 1-11)[8]: sigue hablando de actitudes subjetivas y se reitera que el creyente debe gloriarse en la esperanza que está asegurada por la efusión del Espíritu. Este tema así como el del amor de Dios son temas que se repiten en el resto de las bisagras. Se abre camino al siguiente bloque, se trata la situación que sigue a la justificación.

3. Segundo Bloque (5, 12-8, 17): Un nuevo camino está abierto.

- Hilo estructural: la expresión pecado.

- Aparece la expresión Ley.

- Consecuencias para cada hombre concreto de la salvación obrada por Cristo.

Bisagra (8, 18-39): Se retoman los temas de la primer bisagra pero algo más profundizados. Así vemos los temas del segundo bloque pero abriendo paso al tercero donde se aplica lo dicho a la situación del pueblo judío.

4. Tercer Bloque (9, 1-11, 29): La salvación de judíos y gentiles.

- Plantea la situación de Israel y de los gentiles en el plan de salvación.

- Según Fernández “Este bloque es indispensable para completar la reflexión sobre las consecuencias salvíficas que se derivan de la muerte de Cristo por nosotros, ya que insinúa el verdadero y admirable alcance de este Misterio.”[9]

Bisagra (11, 30-36): Retoma la conclusión del tercer bloque abriendo paso al tema de fondo del cuarto. El amor de Dios toma la forma de la misericordia.

5. Cuarto Bloque (12, 1 - 15, 19a): Gran exhortación moral.

- Desarrollo y mayor explicitación de la vida nueva en el Espíritu.

- Aplicación de los grandes planteos de la carta a una situación particular.

6. Epílogo (15, 19b- 33)

7. Segundo epílogo (16, 1-27)

Se sostiene que existe un paralelismo temático entre el primer bloque y el tercero, así como entre el segundo bloque y el cuarto. En el primer caso sería la salvación en Cristo de judíos y gentiles y, en el segundo, la nueva vida del justificado.

IV. El Cuarto Bloque.-

Comprende la parte exhortativa de la Carta y enumera una serie de exigencias prácticas de la vida cristiana.

En 12, 1-2, encontramos una introducción; en 12, 3-21, se plantean una serie de exhortaciones generales que, finalmente, animan al amor al hermano y al enemigo (12, 9-21). En 13, 1-7 se exhorta a someterse a los poderes políticos en estrecha relación, como veremos a posteriori, con la obligación de amor al prójimo que surge de los versículos 8-10 del mismo capítulo de la carta. En 14, 1-15, 19a, Pablo exhorta a un grupo de “fuertes” de la comunidad a ser respetuosos con los “débiles”. Pablo acepta que los “débiles” continúen con ciertas leyes y pide a los “fuertes” que los respeten por amor. Asimismo, en 15, 1-6 vemos que el paradigma de todo lo que Pablo sugiere es la persona de Cristo, su vida y su práctica, por eso Pablo invita a buscar el mutuo acuerdo “siguiendo a Cristo” (Rom 15, 5).

V. Límites del texto.-

El texto al que se pretende dar análisis es el que se extiende entre los versículos 1 y 10 del capitulo 13 de la Carta a los Romanos. Es dable dejar en claro, desde ya, que se trata de un bloque formado por dos perícopas, 13, 1-7 y 13, 8-10, que se estudiaran en forma conjunta por su estrecha relación.

Entre los indicadores que nos hablan de una nueva sección podemos mencionar, siguiendo a Ulrich Wilckens[10], un cambio de estilo en tanto a que en los versículos anteriores se hablaba en segunda persona mientras que a partir de 13, 1 se utiliza la tercera; asimismo, se debe tener en cuenta que en este cuarto bloque que comienza en 12, 1 Pablo hace una exhortación moral de la cual se desprendería la forma de llevar adelante la vida comunitaria, entre esta exhortación la perícopa en análisis podría entenderse como un paréntesis en el que el autor quisiera evitar que una mala comprensión de dichos parámetros provoque un rechazo de las leyes de la sociedad civil en la que los destinatarios de la carta están inmersos, llevándolos a un aislamiento dentro de la misma. Sin embargo en 13, 8a queda en claro que más allá del sometimiento, por causa que estudiaremos a posteriori, a la autoridad civil, entre los hermanos la única deuda es el amor, amor que según reza el versículo 10 es la ley en su plenitud.

En la perícopa que sigue, 13, 11-14, Pablo habla del modo de vida decadente de la sociedad romana y exhorta a los cristianos a no dejarse contagiar por la misma. “Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias” [11].

Rom 13, 1-10, se puede dividir, a su vez, en dos segmentos. El primero, 13, 1 – 8a, nos habla de la forma de vivir como cristianos dentro del Imperio, mientras que el segundo, 13, 8b – 10, nos habla del Reino. Asimismo, al primer segmento, lo podemos dividir en dos, en el primer sub segmento, 1-5, Pablo nos hablaría más del porque someterse a las autoridades del Imperio, en el segundo, 6 – 8a, nos habla de las consecuencias lógicas de dicho sometimiento.

VI. Análisis.-

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad

que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas.

De modo que quien se opone a la autoridad, se resiste al orden divino, y los que resisten atraerán sobre sí mismos las condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios, pues es un servidor de Dios para tu bien. Pero, si obras el mal, teme; pues no en vano lleva espada; pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia.

Por eso precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados en ese oficio. Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor.

Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor.

Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.”

ü Rom 13, 1-5

Se abre y cierra este bloque con upotasso, someterse, formando una inclusión, al principio hay que someterse por causa de Dios en el final por necesidad y conciencia.

- “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas.” Este principio aparece formulado como un principio jurídico.

Pablo utiliza el verbo “Someterse” (upotasso) cuando quiere destacar el aspecto del sometimiento al mandato. En Romanos lo encontramos también en 8, 7 (a la ley) y en 10, 3 (a la justicia divina), por ejemplo.

Lo que la Biblia de Jerusalén traduce como “Autoridades constituidas”, hace alusión a las diversas autoridades del aparato estatal. El término griego “ezousiaise utilizaba para referirse a las autoridades romanas de altos cargos en el griego profano y en el Nuevo Testamento. El término latino es “potestas”. Pablo se refiere a las autoridades civiles humanas de las que los cristianos dependen y a las que deben obedecer y fundamenta esta exhortación en el hecho de que toda autoridad viene de Dios, lo que otorga legitimidad a dichas autoridades.

- “De modo que quien se opone a la autoridad, se resiste al orden divino, y los que resisten atraerán sobre sí mismos las condenación”. El que se resiste a la autoridad se opone al orden, decreto o mandato (diatagé), divino, por lo que, al menos en principio, el castigo de dicha rebeldía se pone encabeza de Dios, y no de la autoridad civil, en clara armonía con el versículo 1 en el que dicha autoridad era constituida por Dios. Se sostiene que el trasfondo de este versículo es la situación que se atravesaba por el aumento de los gravámenes fiscales, como ya se mencionó más arriba.

- “En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios, pues es un servidor de Dios para tu bien. Pero, si obras el mal, teme; pues no en vano lleva espada; pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal.”. Este razonamiento se refiere a la función principal de la autoridad, y hace referencia a: su deber de elogiar cuando se obra el bien[12] y a su poder de policía por el cual puede reprimir al que obra mal. Siguiendo el hilo de los dos versículos anteriores, en ambos casos se aclara como fundamento que la autoridad es “un servidor de Dios”, idea además reforzada por su repetición. La autoridad puede reprimir el mal porque debe velar por el bien y como es servidora de Dios, es este quien establece los criterios de lo que está bien y lo que está mal, y la autoridad debe aplicarlos conforme a las normas de Dios.

- “Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia.” Ya se dijo que hay que someterse a la autoridad porque fue constituida por Dios, también porque lleva espada y es un servidor de Dios para hacer justicia, aquí se agrega una tercera razón: hay que someterse a la autoridad por una cuestión de conciencia. La palabra “conciencia” puede ser entendida de distintas maneras relacionadas a distintos factores. Si la entendemos en relación al contexto que da el versículo 1, “todo individuo”, el concepto de conciencia va a ser el de Rom 2, 15; todo individuo se someterá a la autoridad, no sólo por los motivos externos enumerados en los versículos anteriores sino porque su conciencia le dicta que obre el bien y no el mal. En cambio, si además del contexto de referencia tenemos en cuenta que los destinatarios de la carta son los cristianos de Roma, se debe entender conciencia como conciencia cristiana; entonces hay que someterse a la autoridad porque, como ya ha sido detallado, la misma es constituida por Dios (13, 1) y es servidora de Dios “para hacer justicia y castigar al que obra el mal “ (13, 4), más allá del poder represivo va a someterse por esa relación con Dios.

ü Rom 13, 6-8a

El gar explicativo con el que comienza este segundo segmento nos dice que lo que se va a anunciar es una consecuencia de lo enunciado en el segmento anterior. Este pequeño segmento abre con el tema de pagos en el versículo 6, sigue con lo que se debe del versículo 7 y enlaza, y cierra, con “deuda” en 8a.

- “Por eso precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados en ese oficio. Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor”. El versículo 6 nos muestra otro elemento: los destinatarios de la carta, y de la exhortación en análisis, pagan impuestos. “Por eso” (diá touto) vincula este elemento al deber de obediencia enunciado en el versículo 5, que se concreta en el pago de impuestos y, ahora, los funcionarios de Dios son los recaudadores.

En el versículo 7 se exhorta a dar a cada uno lo que se le debe, desarrollándose la idea en cuatro miembros paralelos “Impuesto” (foros), Tributo (telos), Respeto (fóbos) y honor (timén). En los dos primeros paralelos, que tienen clara relación con el versículo 6, Pablo haría una distinción entre los dos tipos de impuestos. En el primer caso se referiría al impuesto directo recaudado por empleados gubernamentales; y, en el segundo, al impuesto indirecto recaudado por los publicanos. Se podría sostener que los dos últimos, respeto y honor, harían referencia a los versículos que van del 3-5, pero se estaría dejando de lado la aplicación de estos términos no sólo en las cartas de Pablo sino también en los textos bíblicos en general. Temor (fóbos), que es la palabra que la Biblia de Jerusalén traduce como respeto, “Significa angustia, temor, y, al igual que el verbo correspondiente phobéo, atemorizar... En la versión de los LXX, aparte de los significados antes citados phóbos puede designar también el que o lo que es de temer.”[13] En la carta a los Romanos, la encontramos en tres ocasiones más: Temor de Dios (3, 18); “vosotros no habéis recibido espíritu de esclavos para recaer en el temor (8, 15); Temor de los que fueron injertados en el olivo de Dios y ahora no son bondadosos (11, 20). De las citas que mencionamos podemos derivar que el temor nunca se manifiesta en relación a las autoridades civiles, como en el texto que nos ocupa, sino a Dios. Así las cosas y teniendo en cuenta la frase de Jesús (Mc. 12, 17), si bien Pablo podría conocerla o no, se podría sostener que al que se le debe respeto o temor es a Dios.

- “Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor”. Este versículo retoma la exhortación de pagar a cada uno los que se debe, pero el acento empieza a recaer en el amor al prójimo.

El término “allélous” (Mutuamente/ unos a otros) es una expresión de reciprocidad. En la carta a los Romanos la encontramos en: 1, 12; 12, 5.10.16; 13, 8; 14, 19; 15, 5.7.14; 16, 16. Esta expresión tiene su puesto primordial en las exhortaciones paulinas.

Según Fitzmyer “Para Pablo el amor (agape) es una apertura, una continua preocupación y respeto por la otra persona, por los demás, en actos concretos que tienen como consecuencia la disminución del yo inferior.”[14]

Es de destacar que cuando se habla de amor mutuo se hace referencia, en general, al amor entre los cristianos. Sostiene Lohfink que la literatura epistolar no utiliza los términos agapé/ agapan (amor/amar) cuando quiere referirse a la atención que se debe prestar a semejantes que no pertenezcan a la comunidad.”[15] Parece ser que Pablo habla primero, en el versículo 7, de que no se debe tener deudas con nadie (El patrón que libera a su esclavo puede seguir teniéndolo como cliente si logra endeudarlo). Así lograr un espacio de libertad con el afuera. Pero la deuda de amor tiene otro ámbito, el del mutuamente, el de la comunidad. A su vez ese amor mutuo es el bien que se debe buscar y que las autoridades civiles deben tender a proteger, conforme el versículo 3 y ss.

ü Rom 13, 8b-10

Este último segmento es recorrido por el paralelismo ley (v. 8b) – mandamiento (v. 9) – ley (v. 10)

- “Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.” Pablo respalda lo sostenido diciendo que en el amor al otro se cumple la ley. Pero ¿Qué entendemos por “otro” (éteron)? ¿Qué por ley?

Según Wilckens[16] éteron aparece como complemento de agapón, sostiene que Pablo no conoce el uso de agapán en absoluto, o sea sin un complemento. Si encontramos la designación del prójimo como éteros, por ejemplo: Rom 2, 1.21; 1Cor. 4, 6; 6, 1; 10, 24.29; Flp. 2, 4. Es de notar que tanto en el versículo 9 como en el 10 este “otro”, deja lugar al término prójimo[17] (plesion).

En cuanto a la Ley, sostiene Fitzmyer que “La actitud de Pablo hacia la ley ha sido llamada el tema doctrinal más complicado en su teología.”[18] Pablo habla de la ley en Gál, Flp., 1-2Cor y Rom, sin embargo en estas menciones encontramos distintas connotaciones:

- En sentido genérico (Gál 5, 23; Rom 4, 15b; Rom 5, 13; Rom 7, 1a).

- En el sentido figurado de principio (Rom 3, 27a; 7, 21.23a)

- Como una forma de referirse al pecado (Rom 7, 23.25b; 8, 2b).

- A la naturaleza humana (Rom 2, 14d).

- Cuando se refiere al Antiguo Testamento: los Salmos Rom 3, 19a; los Profetas 1Cor. 14, 21; a la Torá Gál 3, 10b; 1Cor. 9, 9.

- 87 veces usa nomos para referirse a la Ley de Moisés, como en la perícopa en análisis.

- “En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pablo cita cuatro preceptos de la segunda tabla del decálogo (Éx 20, 13-17; Dt 5, 17-21), el añadido “y todos los demás preceptos”, demuestra que los cita como ejemplos; además los textos del cristianismo primitivo nunca presentan el decálogo en su totalidad, presentan los mandamientos de la segunda tabla, que son los que hablan de proteger la vida del prójimo ante posibles ataques, su base es el mandamiento del amor. Pablo está hablando de que toda la Torá se resume en la fórmula[19] que cita a continuación. Ahora bien, con esto no quiere decir que toda la religión se reduce a la ética del amor al prójimo, no pretende sustituir el amor a Dios por el amor al prójimo, entender esto sería interpretar estos versículos fuera del contexto de la carta y del de la teología paulina. Para Pablo el amor a Dios se concentra en la fe en Cristo, por lo que la Torá pierde la exclusividad en cuanto a regular las relaciones con Dios. Al respecto sostiene Wilckens:

En Pablo es la Torá la que encuentra su norma determinante en el precepto del amor al prójimo. La razón de ello se expresa en la doctrina anterior de la justificación: una vez que Dios nos ha mostrado su amor salvándonos mediante la muerte expiatoria de Cristo cuando aún éramos pecadores condenados por la Torá (5, 8), la fe en Dios, que resucitó a Cristo de la muerte, pasa a ser la figura de la religión. La Torá, que ha perdido así su función condenatoria (8, 1) y ha ganado (8, 2) su función original para la vida (7, 10), pasa a ser el testigo de la justicia de Dios en Cristo (3, 21), y sus preceptos son preceptos divinos cuando la Torá invita a los justificados desde la fe a amar a su prójimo, porque el que es amado por Dios sólo puede corresponder amando a todos los hombres, que son objetos del amor de Dios como el mismo.”[20]

- “La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.” La palabra “mal” nos remite a los versículos 3 y ss. el mal que debe ser perseguido por las autoridades constituidas por Dios se erradica con la práctica del amor al prójimo. El amor vence al mal (cf. 12, 21) y por eso es la ley en su plenitud.

El vocablo plenitud (pleroma) ofrece una variedad de sentidos: “significando primitivamente ya el contenido que llena un espacio, el mar (1Cron 16, 32) o la tierra (Sal 24,1; cf. 1Cor. 10, 26), ya lo que completa alguna cosa (Mt. 9, 16; Mc. 2, 21; Col 1, 24), puede igualmente designar el continente o bien la totalidad (Rom 11, 12), la abundancia (Rom 15, 29), el cumplimiento (Rom 13, 10).” Por lo tanto el amor es el cumplimiento de la ley.

“Con esto Pablo enuncia su principio básico propio. Si Cristo es la meta de la ley (10, 4), se puede decir que el amor, que animaba toda su existencia y su actividad soteriológica (8, 35), es el cumplimiento de la ley. Se convierte en la norma para la conducta cristiana y, cuando se aplica adecuadamente, alcanza todo aquello que la ley representaba.”[21]

VII. Conclusión.-

En Rom 13, 1-7, Pablo define a la autoridad como un instrumento de Dios para ayudarte a hacer el bien y castigar al que hace el mal, pero se refiere a los casos en que las autoridades ejercen una autoridad legitima, Dios es quien establece los criterios de lo que está bien y lo que está mal, y la autoridad debe aplicarlos conforme a las normas de Dios; por lo que podemos concluir que cuando el estado no actúa como instrumento de Dios ni a favor de los ciudadanos y él mismo hace el mal, no es digno de recibir el mismo grado de acatamiento prescrito en principio.

El cristiano según lo afirmado en conjunto por el Nuevo Testamento ha de mostrar sumisión al estado cuando este ejerce su autoridad con legalidad y justicia, pero la obediencia última la debe a Dios en Cristo.

Pablo no habla del sometimiento a las autoridades civiles como una propuesta sino que da un marco real de la sociedad en que viven los cristianos a los que escribe. La exhortación es al amor mutuo entre hermanos, proponiendo este sistema alternativo, no sustitutivo, del vigente, por lo que tiene en cuenta la convivencia del sujeto en los dos sistemas. El imperial, marcado por sus relaciones de poder (autoridad, gobernantes, servidores de Dios); el sistema de la comunidad con actores de igual poder (otro, prójimo), bloque en el que encontramos el término amor en cinco oportunidades tan sólo en tres versículos, en franca oposición al bloque anterior. Asimismo es destacar lo sorprendente de que sea este segundo bloque el que es recorrido por el término ley, mientras que este término se encuentra ausente en el bloque que trata las relaciones con las autoridades.

¿Existe una forma más eficiente para atacar los sistemas sociales y corruptos de una sociedad dominante que formando en medio de ellas una contra sociedad? Parece que no. Esta, con su simple existencia, ataca con eficacia las viejas estructuras, hasta que se desgastan. Pero no es tarea fácil, ni hoy, ni para los cristianos de Roma a los que les escribía San Pablo, esta tarea exige un compromiso personal con el otro que no se si todos, si todas estamos dispuestos a abordar. Cumplir las leyes civiles, generalmente, resulta fácil; salir de una mismo para atender las necesidades del hermano, no tanto. De todos modos Pablo nos sigue exhortando “que no tengamos otra deuda que la del mutuo amor”, habrá que asumir el desafío de responder.

VIII. Bibliografía.-

§ ALETTI, JEAN NOËL: “Romanos”. En Farmer, William R. (Dir.): Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino, Estella (Navarra), 1999.

§ FERNÁNDEZ VICTOR MANUEL: “Carta a los Romanos”. En Levoratti, Armando (Dir.): Comentario Bíblico Latinoamericano. Nuevo Testamento. Grupo Editorial Verbo Divino. Estella (Navarra), 2003.

§ FERRER PABLO MANUEL: Taller “Claves hermenéuticas en la lectura del Segundo Testamento”. Centro Bíblico Ecuménico, Abril – Junio de 2008.

§ FITZMYER JOSEPH A.: “Teología Paulina”. En Brown Raymond E. Y otros: Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento. Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra), 2004.

§ FITZMYER JOSEPH A.: “Carta a los Romanos”. En Brown Raymond E. Y otros: Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento. Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra), 2004.

§ LOHFINK GERHARD:La Iglesia que Jesús quería. Dimensión comunitaria de la fe cristiana”. Colección Cristianismo y Sociedad, Nº 12, Editorial Desclee de Brouwer, Bilbao, 1986.

§ MÍGUEZ NÉSTOR O.: “El Imperio y los Pobres en el tiempo Neotestamentario.” En Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana Nº 5/6, pp. 87/101.

§ TAMEZ ELSA: “¿Cómo entender la Carta a los Romanos?”. En Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana Nº 20, tomado de página web www.clailatino.org.

§ TAMEZ ELSA: “Romanos frente a la crisis económica neoliberal y el diálogo intercultural”. En Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana Nº 62/2009, pp. 86/95.

§ VIVIANO BENEDICT THOMAS: “El cristiano y el Estado según el Nuevo Testamento y en la Iglesia primitiva”. En Farmer, William R. (Dir.): Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino, Estella (Navarra), 1999.

§ WILCKENS ULRICH:La Carta a los Romanos”. Volumen I y II. Biblioteca de Estudios Bíblicos Nº 62, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2006.

Notas

[1] TAMEZ ELSA: “¿Cómo entender la...

[2] TAMEZ ELSA: Op. Cit.

[3] “La economía del Imperio Romano tenía su sustento en dos pilares: la tierra y la esclavitud. Los hechos económicos que suceden en esta sociedad esclavista deben poder generar una plusvalía tal que pueda competir con la generada por la esclavitud. De este modo la creciente generación de trabajo asalariado debe competir para instalarse con la plusvalía generada por la dinámica esclavista. En este sentido el colono que arrendaba una tierra cultivable, o el arrendatario de un taller en la ciudad, debían poder generarle al patrón una plusvalía igual o mayor que la generada por los esclavos.” (Memorias FERRER PABLO MANUEL: Taller “Claves hermenéuticas...”.)

[4] MÍGUEZ NÉSTOR O.: “El Imperio y...” p.87.

[5] V. M. Fernández nos cuenta que Tácito llamaba crestianos a los discípulos de Cristo (Cf. FERNÁNDEZ VICTOR MANUEL: “Carta a los...” p.777)

[6] WILCKENS ULRICH: “La carta a...”. v. I, p. 49.

[7] Cf. FERNÁNDEZ VICTOR MANUEL: “Carta a los...”. pp. 777/816.

[8] Textos que no conviene ubicar ni en un bloque ni en el otro ya que se cruzan motivos ya desarrollados con motivos del bloque siguiente. “De manera que no haya un corte abrupto en el paso de un tema a otro y se vea mejor la armonía del conjunto.”(Cf. FERNÁNDEZ VICTOR MANUEL: Op. cit. p. 780).

[9] FERNÁNDEZ VICTOR MANUEL: Op. cit. p. 781.

[10] WILCKENS ULRICH: Ibídem. pp. 366/367.

[11] Cf. Rom. 13, 14.

[12] Wilckens señala que la perícopa haría clara referencia a la laudatio romana, consistente en la costumbre de elogiar los casos de buen comportamiento con una carta del Emperador (WILCKENS ULRICH: Ibídem. P.372).

[13] pp. 690/692.

[14] FITZMYER JOSEPH A. “Teología Paulina”. P. 1213.

[15] LOHFINK, GERHARD: La Iglesia que...”. p. 122.

[16] WILCKENS ULRICH: Ibídem. P.408.

[17] Prójimo. Esta palabra traduce con bastante exactitud el término griego plesion, que, a su vez, corresponde imperfectamente a la palabra hebrea rea’. Etimológicamente sería “otro”. En un principio rea’ se diferencia de la palabra hermano porque se trata de otro que no pertenece a la casa paterna; luego, en el Deuteronomio y la ley de santidad, confunden al prójimo y al hermano (Lev 19, 16ss), entendiendo así a los israelitas. Cuando los Setenta traducen el término hebreo por el griego plesion separan “otro” de “hermano”. O sea el prójimo al que hay que amar es el otro, sea o no hermano. Jesús va a transformar definitivamente la noción de prójimo. Pablo declara que en el mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” se cumple toda la ley (Gal 5, 14) y que es la suma de los otros (Rom 13, 8).

[18] FITZMYER, JOSEPH A.: Ibídem pp. 1207.

[19] Mandamiento (entolé). “Aquello que posee validez indiscutible, sea en virtud de una disposición autoritativa, sea en virtud de una autoconvicción firme.” Este sustantivo aparece en las cartas paulinas en catorce oportunidades, siete de las cuales se encuentran en la carta a los Romanos. (ver de nuevo en las copias).

[20] WILCKENS ULRICH: Ibídem. P. 411

[21] FITZMYER JOSEPH A.: “Carta a los...” p. 412.

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