Páginas vistas en total

domingo, 25 de marzo de 2012

La Cruz


González Faus, en su obra La Humanidad Nueva. Ensayo de Cristología”, explicando el por qué de su intento de acercarse, en el mismo libro, a la realidad histórica de Jesús sostiene que lo hace “por intereses exclusivamente dogmáticos: porque sin haber leído la vida de Jesús era imposible leer su muerte, y sin ésta es imposible leer la Resurrección.”[1]

En los tiempos que corren, se habla mucho del Jesús histórico, mucho hay para leer sobre Jesús y su práctica, así hablamos, y hablamos, de mesa e inclusión, después de todo la Resurrección nos habla de que la forma de vida de Jesús es la que Dios avala… Asimismo, como cristiana, muchas veces hablo de pascuas y resurrecciones… Volviendo a la idea de González Faus ¿Cómo leer la Resurrección sin leer la Cruz? ¿Cómo la leían las primeras comunidades cristianas?

Nosotros predicamos un Mesías crucificado,

para los judíos un escándalo y

para los paganos una locura" (1 Cor 1,23).

“La mejor forma de entender las interpretaciones cristianas primitivas de la muerte de Jesús es como relatos retóricos. Fueron articulados en una situación socio histórica en la que los seguidores de Jesús tenían que darle sentido a su muerte brutal como criminal condenado.”[2] La ejecución de Jesús constituyó para ellos no solamente un problema político sino también un problema espiritual. Por eso estos intentos de construir sentidos deben entenderse como argumentos críticos que comienzan con la experiencia muy real de la deshumanización y la crucifixión de Jesús como criminal político.

Schüssler Fiorenza, en su obra “Cristología Feminista Crítica”, establece seis estrategias interpretativas que pueden ser reconstruidas a partir de una tradición retórica incrustada en la literatura paulina, aclarando ab initio que no se trata de un esbozo completo. Pasaremos a desarrollarlas sintéticamente.

  • “Dios lo resucitó de entre los muertos” o “fue resucitado.[3] Esta fórmula, que parece estar moldeada sobre la confesión “Dios sacó a Israel de Egipto” , afirma lo siguiente: la actividad salvífica de Dios se manifiesta en la vindicación de Jesús. Este lenguaje de la vindicación, entendido como la vindicación del justo, se relaciona tanto con el mundo lingüístico de la apocalíptica judía como con el de la literatura sapiencial helenística, así podemos citar tanto el libro de Daniel (7, 13-14.18; 12, 1-3) como el libro de la Sabiduría (2, 13-14). En conclusión, Dios no dejó a Jesús en la muerte sino que lo resucitó y devolvió a la vida.
  • “Cristo murió por nosotros”[4]. Las ideas judías helenísticas, entre las que se entendía que los amigos morían por los amigos, los soldados por su nación y los amantes el uno por el otro, afectaron la comprensión teológica de esta fórmula, por lo que la misma subraya el gran valor y el alto aprecio por las personas que se expresa en la muerte de Jesús.
  • “Cristo murió por nuestros pecados” (1Cor 15, 3-4). Esta expresión se encuentra en tres contextos de sentido diferentes. A saber:

§ La reflexión sobre la muerte del mártir. La muerte de los mártires se interpreta como un medio para ponerle fin a la ira y al castigo de Israel por parte de Dios.

§ El lenguaje cúltico de la expiación. La violación del orden cósmico significaba ofender a los poderes divinos y consiguientemente el castigo de parte de los mismos. Solamente la expiación satisfactoria podía prevenir o poner fin a tal castigo. En Israel, los rituales de expiación tenían el poder de eliminar las acciones pecaminosas que violaban la relación del pacto. Esta renovación del pacto estaba conectada con el día del perdón (Lv 23, 27-32)[5].

§ La práctica de reconciliar a dos partes alienadas una de la otra. La reconciliación significa la reparación de la relación dañada entre Dios e Israel. Pablo habla de reconciliación por medio de Cristo, por ejemplo, en 2Cor 5, 19: “Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las trasgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.” La gracia conciliadora de Dios manifestada en el Cristo incluye a todo el mundo.

  • “…tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.” (Mc 10, 45). Mientras el significado de esta expresión en la Biblia hebrea puede gravitar hacia la expiación, su sentido primario se deriva de prácticas relacionadas con transacciones económicas. Así, esta fórmula habla de pagar rescate por un pueblo que vive en la esclavitud o por cautivos de guerra liberados por la muerte de Cristo. Este significado se deriva de un contexto mitológico apocalíptico que interpreta la presente situación de sufrimiento y persecución como esclavitud y cautiverio. En este contexto, la muerte y resurrección de Jesús se torna un medio para liberar a las personas; Jesús es el pago inicial de la nueva creación.
  • “Dios entregó al Hijo.” Rom 8, 32 afirma: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros.” Esta afirmación puede hacer referencia a Gen 22, pero es más probable que haga referencia a una interpretación midrásica de ese texto. Tradicionalmente se ha construido una relación tipológico entre la atadura de Isaac (akedah) y la muerte de Jesús: Así como Abraham, tampoco Dios perdonó a su hijo. Sin embargo, también se ha interpretado la muerte de Jesús en la cruz como cumplimiento de la promesa que Dios había dado a Abraham mediante juramento, entendiéndose la muerte de Cristo como un premio por la akedah y como una bendición divina para los descendientes de Abraham.

El autor de la Carta a los Hebreos critica al culto y sostiene que con la muerte de Jesús el esquema del culto antiguo fue suprimido. Él lo sustituye por un culto real, personal, existencial, que, según la propia carta, tiene que tener una eficacia absoluta sobre las conciencias y hacer posible un culto auténtico[6]. Pero el que ofrece su sacrificio es el propio Jesús, que actúa como ofrenda y oferente, no es Dios.

  • “Dios mandó al Hijo de Dios.” La fórmula “Dios me mandó” se encuentra en las primeras tradiciones.[7] Esta sexta interpretación se desarrolla, a su vez, de tres maneras que pasaré a exponer:

§ Formulación de una cristología profética. Esta interpretación entiende la ejecución de Jesús como el resultado total de su práctica profética.

§ Identificación de Jesús, el profeta, con la Divina Sabiduría. Así como Sofía no encontró un lugar de descanso y volvió a la esfera celestial, tampoco Jesús fue bienvenido por su pueblo y por ende volvió al cielo. Jesús se percibe como un ser celestial que renunció a su condición divina, se humilló, murió en la cruz, fue exaltado y recibió el nombre de Señor. Esta forma de hablar se encuentra en los himnos cristianos primitivos y proporciona el esquema del relato del Evangelio de Juan. El sufrimiento y muerte de Jesús no se entiende sólo como una consecuencia de su obrar sino como responsabilidad del pueblo judío.

§ Hincapié sobre la perfecta obediencia del Hijo. Se ofrece como razón teológica del sufrimiento y muerte de Jesús el hecho de que fuera voluntad y decreto de Dios. La teología apocalíptica habla de un imperativo divino a los fines de afirmar que, a pesar de las apariencias, Dios tiene el control. Esta interpretación es la que se da en los relatos de la pasión de los cuatro Evangelios (Mc 14, 32-42; Mt 26, 36-46; Lc 22, 40-46; Jn 18, 11), relacionada con una prueba de la Escritura.

Quizás de la mano de las primeras comunidades cristianas deberiamos darnos cuenta de que la cruz no es respuesta, sino una nueva forma de preguntar, la invitación hacia una actitud radicalmente nueva hacia Dios, preguntarnos sobre el rostro del Dios en el que creemos

[1] GONZÁLEZ FAUS, JOSÉ IGNACIO: La Humanidad Nueva. Ensayo de Cristología.” V. I. Editorial Sal Terrae.

[2] SCHÜSSLER FIORENZA, ELISABETH: Op. Cit. P. 156.

[3] Cf. Rom 8, 11; 10, 9; Gal 1, 1; 1Cor 6, 14.

[4] Cf. Rom 5, 6, 8, 14, 15; 1Cor 1, 13; 8, 11; 1Tes 5, 10; Gal 2, 21b; 2Cor 5, 14 y ss.

[5] “Sin embargo, no debe pasarse por alto que este tipo de lenguaje cúltico, que tiene sus raíces en el culto sacrificial del templo en Jerusalén, ya había sido actualizado éticamente e individualizado en las reflexiones teológicas judías de la época. Esta interpretación moralizante entiende las buenas obras, el ayuno, la devoción religiosa y la benignidad como medios efectivos para expiar los pecados.”( SCHÜSSLER FIORENZA, ELISABETH: Ibídem. P. 166).

[6] Cf. Heb. 9, 13-14

[7] Cf. Lc 9, 48; 10, 16; Mt 10, 40; Jn 13, 20.




1 comentario:

  1. Anoche, en la celebración, compartía las imágenes que transmiten, por ejemplo "Rey de Reyes", un Jesús impecable hasta en la cruz, y "La pasión del Cristo", un guiñapo sangriento que no se sabe por qué lo crucifican. Compartía, también, que me recuerda al Pare de sufrir, una, y a los silicios y látigos, la otra.

    Y como Jesús no "explica", sino que sugiere, invita a re-pensar: grano de trigo que muere para no estar solo, mujer que da a luz, siervo/hijo obediente... Y como se escapa del lugar de víctima o del de salvador omnipotente.
    Con Juan digo: elevado en alto, atrae...

    ResponderEliminar